Implementar un riguroso programa de aseguramiento de la calidad (AQ) basado en la ciencia constituye la base de la confianza del consumidor y de la reputación de la marca para cualquier planta embotelladora de agua. Este programa en una planta profesional embotelladora de agua va mucho más allá de las pruebas del producto final y abarca todo el proceso. Incluye análisis microbiológicos y químicos rutinarios del agua de origen, del agua en proceso tras cada etapa de tratamiento y de las botellas terminadas. La planta embotelladora de agua también debe validar la eficacia de los procedimientos de limpieza y desinfección (CIP) y supervisar la higiene del entorno de producción mediante ensayos de muestreo del aire y de superficies. Es obligatoria la llevanza detallada de registros y la implementación de sistemas de trazabilidad, lo que permite rastrear cada lote producido por la planta embotelladora de agua hasta sus materias primas y condiciones de producción. El cumplimiento de normas internacionales como HACCP (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control) es una práctica habitual en una planta embotelladora de agua reconocida, garantizando así un enfoque proactivo y preventivo de la gestión de la seguridad alimentaria.